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martes, 28 de abril de 2015

"K" Book, spanish edition

In this link you can read my book "K" on line.

Aquí pueden mi libro "K" en línea, por si les interesa.


http://www.entreescritores.com/es/biblioteca/novela-negrapoliciaca/k/3-242-0/#.VT_HuPAVHZg

lunes, 13 de octubre de 2014

De Franz Kafka: La Parábola de la Ley


De Franz Kafka: La parábola de la ley from Alejandro Hernández Murillo on Vimeo.

Adaptación del cuento de Franz Kafka, "Ante la ley" que se lee en la novela de "El proceso". 

Mi primer intento en animación. Siento que no quedó tan mal.

martes, 17 de julio de 2012

Sobre "K"

     “K”.
     La novela tuvo su origen en un escrito que hice cuando cursaba aproximadamente el 5to semestre de la licenciatura de comunicación audiovisual.
     Lo escribí como guión de mediometraje (de unos 5o minutos).
Junté tres elementos que en ese entonces me fascinaba y de los cuales era ávido lector.
     El escritor Franz Kafka, el cual había conocido en la preparatoria con su escrito de “La metamorfosis” y del cual aún continúo leyendo sus obras.
     La psiquiatría y más explícitamente los asesinos seriales.
Y las teorías matemáticas.
     Me propuse mezclar los tres elementos en un obra original y compleja.
     Y lo que surgió de ahí fue una historia de detectives donde Franz Kafka, el protagonista, investiga a un asesino en serie y las pistas para hallarlo son teorías matemáticas.
     Me basé en varias lecturas como las obras de Kafka, estudios psiquiátricos sobre la sociopatía, y libros de ciencias exactas principalmente en la física cuántica.
     El resultado fue un guión cinematográfico de 50 minutos más o menos a realizarse como producto final del semestre. Se hicieron audiciones para personajes, se buscaron locaciones y se trató de conseguir inversionistas cosa que no se pudo y a la larga no se consiguió presupuesto para su realización lo que llevó al guión al cajón y perderse por un par de años hasta que el dolor de perder una historia interesante me hizo retomarlo y me dije que si no podía conseguir el dinero para verlo en cine por lo menos debería conseguir la publicación para leerlo en papel.
     Así que retomando la misma historia, los mismos personajes, y la misma curva dramática me propuse a adaptarlo a novela y de 40 páginas de guión lo convertí en casi 300 páginas de novelización.
     El cambio más importante fue narrar el punto de vista del asesino dando la explicación de por qué lo hacía. Eso hizo más profunda la obra y obvio, tuve que leer más sobre los tres temas que abordaría.
     Leía a Kafka, no sólo su obra, sino su vida y el análisis de diversos autores sobre él y sus escritos.
     Leí sobre sociopatía y me entrevisté con psiquiatras y psicólogos para conocer más cómo funciona no sólo, la mente, sino la misma genética de un asesino en serie.
     Y leí sobre las diversas teorías de la física cuántica y del universo.
     Fue una lectura compleja pero el resultado, para mí, fue maravilloso.
     Se concluyó en una obra compleja, 100% kafkiana, detectivesca, de terror psicológico y en algunos apartados agresiva y violenta.
La llevé a varias editoriales del país y fue doloroso ver que en ninguna la leían. Y la rechazaban, esperaba que me dijeran que la habían negado quizá por su violencia, o por su complejidad, pero al interrogarlos del por qué la rechazan me di cuenta que simplemente no la habían leído.
     Conversé con un maestro de mi carrera que había publicado algunos libros de semiótica y él me dijo que si no tenía amigos en el medio editorial, difícilmente me publicarían. Intenté contactar a escritores que ayudaran pero ninguno se dignaba a platicar conmigo. Así que la obra permaneció en el cajón una vez más y me decepcionó el medio literario.
     ¿Cómo era posible que la rechazaran sin siquiera leerla?
     ¿Entonces cómo se nombran editoriales en búsqueda de gente nueva?
     Sea lo que sea permaneció la obra en el cajón hasta este año en el que se abrió el programa de desarrollo cultural municipal en Pátzcuaro. Metí el proyecto de su publicación y grandiosamente resultó ganador del apoyo del municipio, por lo que gracias al ayuntamiento con apoyo de la secretaría de cultura, finalmente vi publicada la novela y desde ese día la he presentado con enorme gusto y emoción.
     Gracias.

jueves, 12 de julio de 2012

El artista del finamiento


Tomó la pluma y escribió K. en el papel. Sólo K.
Y en un instante de confianza exclamó:
—Quizá esta letra me pertenezca a mí.
Posiblemente fue el único escritor que hizo suya una letra del alfabeto, en la historia de la literatura.
K. salió de la habitación y caminó por las calles empedradas de Praga. Había escrito una carta a un amigo, que, habiéndose distanciado de él, quería aún mantenerse en contacto. Así pues caminó casi erguido tratando de no arrastrar los pies, directo a las oficinas de correos. Empero, a una cuadra para llegar al antiguo edificio, se topó con un extraño cartel donde se comentaba sobre un artista del finamiento. El cartel lucía antiguo, desgastado, y con un diseño tan antiquísimo que K. se sintió remontado a un siglo atrás como si hubiera viajado en el tiempo. No recordaba haber visto nunca dicho cartel y estaba seguro que no había estado ahí en la mañana de ese mismo día. Sin embargo, con los adjetivos del artista del finamiento más grande de todos los tiempos, K. se sintió atraído y sin darse cuenta desvió su camino para marchar en dirección contraria alejándose cada vez más de la oficina de correos, y encaminarse hacia la función del artista del finamiento.  
Así que arribó al espectáculo y lo admiró.
Era un hombre sentado en su jaula observando a toda la gente que lo visitaba. Aunque cabe decir que en ese momento sólo K. y un niño mongoloide estaban ahí observándolo.
En las últimas décadas, la audiencia del inmortal había disminuido enormemente. Antes era un gran negocio las exhibiciones de estos artistas. Se sacaba la jaula a los emplazamientos de mayor atracción para los espectadores. Ellos, al sentir la emoción de aquél hombre y su secreto de vida, se reunían alrededor de la jaula a contemplarlo por horas enteras. Se pagaba muy caro por verlo, es cierto, no obstante era un lujo que deseaban darse.
Había exhibiciones en el día para todas las jerarquías.
En la mañana, siendo el mejor horario, por brillar el día tan hermoso y agradable, era para la gente elegante de la comunidad de clase alta: caballeros y damas se confluían al frente de la jaula a observarlo. Sentados en sus lujosos muebles que eran ofrecidos por el dueño del circo para mayor elegancia.
En la tarde, después de la hora de comer, era el horario de clase media. Hombres y mujeres se aglomeraban en la jaula. Si hubiere alguno que quisiera disfrutar más del espectáculo, llevaba una silla de su casa y se sentaba a mirarlo. Y si tenía suerte podía llegar a la hora de la comida y verlo engullir como cualquiera.
Y el horario nocturno, al oscurecer el día. Sin lámparas ni comodidad alguna para sentarse a descansar, puesto que era el peor horario, destinado a la clase baja. Asistían hombres alcoholizados, mujeres gordas, deformes y corrientes; niños desnutridos, prostitutas sifilíticas y demás extrañezas que en el día no eran bien recibidos. Estos se amontonaban cubriendo la jaula, se peleaban entre ellos en un intento de apoderarse del mejor lugar posible para percibirlo.
Pasaron los días y su interés por el artista del finamiento, aumentaba. Se corría la voz y provenientes de todos los países y reinos se reunían para verlo. Algunos conversaban con él y transcurrían horas que se esfumaban rápidamente en la emoción de escuchar su epopeya. El inmortal les explicaba como había sucedido la historia de la de la humanidad. Contaba, paso a paso, su vida a través del tiempo. Relataba cómo, sin poder morir, conoció desde los egipcios hasta el imperio Mongol, Pasó por la guerra de Troya, la destrucción de Sodoma y Gomorra; la revolución francesa; la conquista de la Nueva España; el Rey Arturo y su búsqueda del Santo Grial; e inclusive  la unificación de Japón en manos de Oda Nobunaga. Algunos le cuestionaban sobre la masacre del día de San Bartolomé y él contestaba emocionando narrando hasta el último detalle: o sobre la Inquisición de la que él había huido; también de Beethoven que de él un concierto había escuchado. Y otros más lo interrogaban sobre Jesús y él narraba sus parábolas que escuchó desde su propia palabra.  
Y así las horas corrían en su interesante e increíble plática.
Por eso el inmortal tenía aquellas visitas. Era bien recibido y visto por la sociedad de la época. Conocía el mundo en todos sus años. Así pues se le quería y adoraba como un dios. Se le ofrecían grandes comidas y lujosos platillos. Y él comía ahí, enfrente de todos, con placer y orgullo ante los hombres.
Su jaula se limpiaba diariamente.
En la mañana, antes del espectáculo, y en la noche, después de la exhibición.
Y él, robusto y contento daba las gracias al público por su bien recibimiento en Praga. A veces se levantaba, mostrando su escultural cuerpo y agradecía haciendo reverencias a las damas mientras su envidiable cabellera, larga y oscura caía sobre su beldad de rostro. Algunas doncellas se enamoraban perdidamente de él. Empero, por ser parte del circo, se conformaban con admirarlo, nunca con tocarlo, mucho menos por obsequiarle sus virtudes. No era bien visto que un inmortal fuera cortejado por una señorita.
Y otras veces, él tan sólo sentado en sus cojines de plumas, alzaba la mano y ofrecía al público una mejor historia para al día siguiente.
Vivió así muchos años, tantos que los niños que algún día lo visitaron, le presentaron a su esposa e hijos. Y algunos hasta a sus nietos. Y los nietos de ellos, a su vez, llevaron a sus nietos. Y los bisnietos de los bisnietos también lo visitaron.
Lo cierto, es que un día, el mencionado artista se vio abandonado por el público que se hastió de ver a un hombre que no fenecía no importara cuántos años o vidas transcurrían. Prefirieron buscar otras diversiones. Se decía que él conocía la historia como realmente sucedió. El principio encantaba esa noción pero, al paso del tiempo, difería con la historia contada por los libros de texto y se le calificó como anarquista y enemigo del conocimiento, y no solamente del país sino del mundo entero. Así pues se le prohibió hablar de leyendas. Y el número de visitantes, después de eso, se redujo. También disminuyó su comida. Los empresarios del circo—que cambiaban de generación en generación—al notar el pequeño número de visitas, decidieron no gastar un dinero que ya no se obtenía en el espectáculo en algo inútil. Puesto que él no moría, el comer o no comer no le afectaba. Por lo mismo se negaron a alimentarlo. De vez en cuando algunos niños le arrojaban cacahuates y él, hambriento, los devoraba.
Con el tiempo y la falta de alimentos adelgazó. Perdió su belleza y su cuerpo quedó reducido a nada. Sus miembros eran huesos por entre la piel reseca. Y su rostro era pálido, cansado y muerto. También su orgullosa cabellera había caído. Sólo conservaba sus rizos oscuros entre el polvo de la jaula. El empresario había erradicado todo lujo: su jaula ya no se lavaba y se acumulaban las heces del artista; su lujoso cojín era sólo un sucio, viejo e incómodo colchón; y sus barrotes ennegrecidos y oxidados.
Los carteles antes brillosos y atractivos se pusieron negros por la suciedad y el polvo. Fueron cortados y en varios casos arrancados para limpiar el estiércol de los animales.
Bajo estas condiciones el público lo abandonó y pasaron meses, años, sin que nadie visitara su jaula. Y si alguien, perdido entre las calles, caminaba por ahí, daba una rápida vista y se retiraba.
La gente lo había olvidado y tan sólo quedaba el recuerdo en amarillentas hojas escondidas, perdidas en una desolada y sucia biblioteca, casi en ruinas, de los barrios viejos de Praga.
K. un día, al terminar su jornada de trabajo burocrático, salió a caminar pensando en un hombre convertido en un insecto. Y casi sin darse cuenta a una vieja biblioteca entró. Pasó horas leyendo en la más completa soledad sin que nadie o nada lo disturbara. Y ahí entre papeles amarillentos encontró un sucio y desgastado cartel que anunció a un artista del finamiento. Intrigado y emocionado K. fue a visitarlo.
Cuando llegó sólo un niño mongoloide ocupaba un lugar frente al inmortal. K. se acercó a la jaula y el niño asustado se marchó.
El inmortal ni siquiera se había dado cuenta que K. estaba ahí.
—¿Todavía es el espectáculo? —K. le preguntó—. El cartel tiene un siglo.
El hombre con llagas en el cuerpo, sin saber si era una visita, o sólo sus ojos que lo engañaban, levantó dolorosamente la cabeza intentando observar casi ciego, el rostro de K. pero en medio de la oscuridad sólo recibió un diminuto esplendor que se perdía a lo lejos. Cansadamente movió su cuerpo y se asemejó a un costal de piel sangrante con huesos deformados, con rodillas reventadas y atrofiadas. Le hizo señas con el dedo amorfo y destrozado con pérdida total de sensibilidad para que K. se acercara a él. K. tuvo que agacharse ante él ya que con el tiempo su estatura había disminuido enormemente y su espalda deformemente se había encorvado.
—¿Qué quieres? —preguntó K. a su oído aniquilado.
Perdóneme—exclamó lentamente tardando un minuto en hablar.
—¿Por qué? —cuestionó fuertemente K. al observar su oreja sangrante temiendo que no escuchara bien.
Por la historia—tardó dos minutos en contestar por lo cansado de su condición.
—¿La historia?
—Sí, la historia real del mundo—demoró dolorosamente mientras le sangraba la boca, diez minutos en contestar.
—Sí.
—La he olvidado—y ahí de pronto se desmayó.
K. dio la vuelta sin observarlo y finalmente se marchó. Y se perdió entre la niebla caminando por las calles empedradas de Praga.
En ese momento el cielo oscureció. 

Monumento a Kafka en Praga. Foto tomada en el 2011.

jueves, 14 de junio de 2012

K

Les informo de la presentación de mi libro "K" próximante en la ciudad de Morelia, Michoacán. México.

Sábado 30 de junio a las 7 pm.
Aquiles Serdán No. 744
Col. Centro
Morelia, Michoacán
Tel. (443) 312 14 46

También puede adquirir el libro a través de amazon, como libro electrónico para
Kindle