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lunes, 11 de abril de 2016
martes, 18 de diciembre de 2012
Polvo de Ángel en contraposición con el cine occidental de "serial killers"
Les comparto una reseña del filme Polvo de ángel (Angel dust/Enjeru dasuto) de Sogo Ishii que escribí hace unos años para la revista Áttica en el 2000.
Polvo de Ángel en
contraposición con el cine occidental de "serial
killers"
Por Alejandro Hernández Murillo
—Los asesinatos por azar no existen (...) debe haber
algún factor común—pronuncia la Dra.
Setsuko Suma frente al posible asesino serial que investiga, mientras él sólo
la ve, enterrándole la vista.
Polvo de Ángel de Sogo Ishii, es una de las pocas cintas japonesas
que aborda el tema de un asesino serial que mantiene aterrada una ciudad y lo
hace de una manera inteligente y rica cinematográficamente hablando con
extremas diferencias del cine occidental bastamente conocido.
El método de realización cinematográfico de Ishii
remite claramente al teatro Kabuki que tuvo sus orígenes en el siglo XVII y es
muy respetado por Japón, del cual sacaron toda su cinematografía así como en
occidente Griffith y/o Eisenstein tomaron el teatro para crear ´El lenguaje narrativo del cine´. Y esa "actuación Kabuki" está en
perfecta unión a cada momento en la cinta.
Eisenstein dijo: "Los japoneses nos han enseñado otra forma de conjunto extremadamente
interesante -el conjunto monístico.
Sonido-movimiento-espacio-voz no se
acompañan (ni siquiera en paralelo), sino que funcionan como elementos de igual importancia (...)
En el Kabuki es imposible hablar de ´acompañamientos´". En Polvo de Ángel todo es como un mismo
cuerpo, todo tiene sentido y aún la escena aparentemente más trivial posee una
importancia con el drama proyectado como un mismo elemento: todo está unido,
desde la Dra. Setsuko Suma, la encargada de atrapar al asesino, las víctimas
todas relacionadas entre sí, el pasado de la misma doctora con el psiquiatra
Rei Aku hasta el esposo andrógino, pasando por la luna casi llena que parece
burlarse de la ideología occidental donde los peores y más violentos sucesos
tienen lugar. Todo filmado de manera Kabuki perfectamente bien hilado
sin dejar ninguna raíz nipona a un lado, donde todo acto y movimiento actoral
es tan hermoso como humilde a modo del arte japonés donde “todo se ha
diseñado pensando en la belleza, en una apreciación de las formas sencillas y
naturales semejante a la estética del budismo Zen, que hace hincapié en la
severidad y la moderación”. Aumentando más el drama de esta forma.
En Polvo de Ángel Ishii no olvida ni rechaza el
estilo artístico japonés planteando desde el principio una estética tan natural
como sencilla combinando cada elemento del cuadro en un perfecto orden de los
puntos áureos, y principalmente y más que nada, cada secuencia de la cinta –y
aún incluso en la partes más fuertes y emotivas –como son los crímenes o la
inestabilidad emocional de los personajes- va remitiendo cada vez más al
instante dramático del teatro Kabuki.
“Este instante dramático se
prolonga un momento, y los actores quedan inmóviles como en un cuadro. Los
actores del teatro kabuki asumen por lo general poses hieráticas para subrayar
un cambio drástico en la trama de la obra, y los directores cuidan con esmero y
pulcritud los detalles a fin de que formen imágenes memorables, tensas de
energía contenida”.
La narración es sencilla y tan estática como la escena
más trágica del Kabuki en la cual para intensificar el drama se da un
golpe certero al tambor y los actores se congelan
en escena quedando en un cuadro bello-simbólico y en completo silencio por unos
segundos como ese lapso casi interminable cuando una noticia fuerte
dramáticamente nos es dada y tardamos tiempo en procesarla. Ese momento
estático del drama Kabuki se ve en escenas como el segundo asesinato:
cuatro tomas y tres de ellas a la ciudad, sólo una al rostro de la víctima que
está inamovible con expresión de miedo y dolor. El sonido en la secuencia es
sólo un quejido de la chica. Siguiente escena la policía en el escenario del
crimen. O más específicamente el clímax de la historia -escena en la cual el
cine occidental traduce todo el drama en la parte más intensa con la mayor
acción posible, los movimientos más ágiles y la espectacularidad-; aquí los
personajes principales, en el encuentro climático, están parados observándose,
casi sin decir nada, con el sonido congelado, pocas tomas, movimientos muy
rígidos y una velocidad en cámara lenta de igual manera que en el Kabuki: “Toda la escena es más un baile que un duelo; cada ataque y
cada parada siguen una coreografía precisa y una pose lentísima”.
Esa rigidez, esa intensificación del teatro Kabuki
remite a las zonas de indeterminación en donde se comenta que aquello que no
está determinado y es presentado en imágenes en off es determinado por
el espectador, aquí esa indeterminación se conjunta y expresa el drama en una "unión
Kabuki", así como en el montaje según Eisenstein: "La toma A,
junto con la toma B, crean la toma C". En Polvo de Ángel la misma cinematografía Kabuki Ishii la
indetermina con: sonidos escasos, imágenes estáticas y los movimientos rígidos,
hay una escenología off que no queda
clara para el espectador, pero aún así entendible. Por ejemplo: en la primera
escena, hay varias tomas a la ciudad (ya una misma toma es indeterminada por el
hecho de que se elige sólo una parte del todo), al metro, a los usuarios y de
pronto una toma muy cerrada a un rostro -que no se ve del todo- estático, de un
cuerpo que ha sido asesinado -de forma indeterminada ya que el acto en sí no se
ve- y cae al suelo en un Picada en Plano General con mucha gente
caminando, tanta que casi es inentendible saber qué sucedió y más aún lo es
porque el siguiente corte es instantáneo. La indeterminación estuvo presente en
cada toma y sonido (ya que el audio, que es incidental, casi no existe), y sin
embargo se determinó un asesinato con un método Kabuki en el cual la
falta de acción móvil -imágenes en off- determinan el drama de la
escena, un drama que es incluso más intenso; con una unión total de todas sus
partes: Sonido-movimiento-espacio-voz,
y todo rígido, casi como inexistente.
Empero Polvo de Ángel
tiene similitudes -tal vez triviales- con el cine occidental, pero grandes
diferencias: por ejemplo, la ciudad es tomada como campo de juego del asesino:
las ubicaciones de los atentados forman la inicial del nombre del homicida de
la misma manera en que se forma la estrella masónica en la reciente From Hell (Albert Hughes-Allen Hughes) o el tablero de ajedrez en Knight moves (Carl Schenkel). Y
sin embargo en esta cinta es más bien una burla a ese método banal para atrapar
al asesino. Otra similitud es la indagación del personaje introduciéndose en su
perfil psicológico el cual está dado por sus asesinatos, como en el caso en el
libro El Alienista de Caleb Carr
donde son sus crímenes y su complejidad violenta lo que origina que el médico
vaya conociendo su ideología, su niñez y razones de su odio hasta encontrarlo;
o en El Elemento del crimen (Lars Von Trier), cinta que habla de la escudriñación psicológica de un asesino
basada en una teoría del mismo hombre visitando los escenarios del crimen, las
vivencias del asesino y realizando cada movimiento o situación que el homicida
hizo, tornarse en él mismo. En Seven
(David Fincher) hay una búsqueda truncada de la personalidad de John Doe a
partir de sus cadáveres (ya que él mismo se entrega sin que los detectives
sepan nada sobre él y sus motivos); en El
Silencio de los Inocentes (Johnnatan Demme) esa indagación sobre el
victimario es sólo un medio para abordar otro asesino aún más violento, que es
Lecter (Starling va al manicomio para entrevistarse con él y le dé pistas para
hallar a Búfalo Bill –que por cierto no difiere mucho de su antecesora Manhunter (Michael Mann) basado en el libro El
Dragón Rojo del mismo autor (Thomas Harris) que valió una reciente
adaptación con el mismo nombre-). Y sin embargo, con esas similitudes de
adentrarse en la psicología del asesino en Polvo
de Ángel esa búsqueda no está dada por los escenarios, o los métodos del
crimen o por personajes relacionados, sino por la psicología de las víctimas y
su relación en común, cosa que lleva a un lavado de cerebro de una de ellas que
le fue hecho por un psiquiatra que parece saber mucho sobre el tema.
La primera escena, el llamado "atrape"
que en el cine de occidente es un factor relevante y con una severa importancia
-tal que es la causante que el espectador siga o no viendo la película-; es
como en cualquier película de asesinos, el primer homicidio. Sin embargo, a
diferencia del cine de occidente, donde esa primera escena es -en muchos de los
casos- la más espectacular y compleja de la película, en Polvo de Ángel ese homicidio es tan simple como extraño: varias
tomas a la ciudad, al metro y sus habitantes; un ritmo normal de montaje
(incluso casi lento); un sonido incidental de la ciudad que casi no se escucha;
y en plano Close Up, una chica expresa dolor, con sólo un quejido leve
para caer al suelo en otro plano ahora General, y antes de que el
espectador sepa qué sucedió, corte a la siguiente escena aparentemente sin
hilación, pero también en el mismo sentido de "atrape": una
pareja de exploradores están en el interior de una gruta, con una densa
oscuridad, pocos movimientos y casi sin sonido. Encuentran dos cadáveres -cuya
relación con el asesino serial buscado es inexistente y queda sólo como una
anécdota: "de cualquier forma es un caso sin resolver", dicen.
Ocurren cosas confusas: el hombre desaparece, la chica queda sola y asustada,
tomas rápidas a imágenes no claras y corte a la siguiente escena donde se
presenta el conflicto de la historia.
La espectacularidad de occidente en el cine japonés no
existe. Las imágenes no son complejas, el sonido no es embrutecedor y el
impacto es incluso mayor. Lo sórdido está en el aire y el asesinato es tan
fuerte por su sencillez como por su confusión.
A partir de ello Polvo
de Ángel -con esquemas específicamente nipones, muy lejos de la ideología
occidental en la que vivimos- presenta una historia que se va soterrando
paulatinamente a un mundo caótico y complicado psicológicamente -desde el
lavabo de cerebro (en cuyas víctimas ha sido realizado) hasta el esposo
andrógino que impresiona a todo Tokyo.
Los escenarios del crimen cambian también con respecto
al cine occidental. A diferencia de las películas donde todo es sórdido y
existe un ambiente caótico con una violencia visual extrema -En Seven hay un hombre gordo amarrado a una
mesa con la cabeza en un plato de comida; En El Silencio de los inocentes, Búfalo Bill tiene una casa llena de
mariposas con un sótano sucio, negro y con pieles humanas para hacer con ello un
vestido; En El Elemento del crimen todo
está destruido y semiabandonado (como un futuro post-apocalíptico), iluminación
escasa y colores sepias muy intensos-; en Polvo
de Ángel Sogo Ishii no obsequia un caos visual, de hecho es lo contrario
perfecto: hay una limpieza quirúrgica, en los escenarios no hay mota de polvo y
en ningún momento se ve algo sucio incluso en los metros que son, aún con mucha
gente, excesivamente limpios.
Los noticieros que dan la nota de los homicidios no
tienen ese análisis o crítica a los medios ya bien establecida en occidente en
cintas como Asesinos por naturaleza
(Oliver Stone), 15 minutos (John
Hezfeld) o El cuarto poder (Costa-Gavras), aquí sólo fungen como
lo que son: medios de comunicación. A pesar de que son mencionados y llegan a
ser parte de la historia no hay una crítica y sólo se les menciona. En cambio
Sogo Ishii se concentra mayormente en la crítica de la psiquiatría -más que del
asesino- del abuso de la medicina sobre el paciente. Todo se remite al lavado
de cerebro, ese trato casi inhumano sobre personas que llevan a ser asesinos y
víctimas al mismo tiempo. Nadie está a salvo y es muy fácil ser manipulado. De
hecho la cinta es una manipulación cerebral para el espectador en todo momento.
El filme empieza confuso—diferente al cine occidental donde a medida que
transcurre el drama todo se va aclarando—, en Polvo de Ángel se va complicando aún más hasta una especie de
lavado cerebral sin mayor explicación de nada con un clímax confuso
psicológicamente -más que de acción- y dejando un final abierto, como una imagen
en off o simplemente indeterminada.
Definitivamente Polvo
de Ángel es una de las mejores cintas japonesas de la era contemporánea y
que marca una diferencia artística en la mirada global sobre el asesino serial
que vale la pena ver y extasiarse con ello.
Versión abreviada de Sergei Eisenstein, "Lo inesperado", en La forma del cine, Buenos Aires, S.XXl, 1986, pp.24-31.
Jonathan Norton Leonard, Japón Antiguo, Time-Life international de México, S.A. de C.V. 1983.
Polvo de ángel (Angel dust / Enjeru dasuto)
Prod. Kenzo Horikoshi, Eiji Izumi, Taro Maki / Japón, 1994. /
Versión abreviada de Sergei Eisenstein, "Lo inesperado", en La forma del cine, Buenos Aires, S.XXl, 1986, pp.24-31.
Jonathan Norton Leonard, Japón Antiguo, Time-Life international de México, S.A. de C.V. 1983.
Polvo de ángel (Angel dust / Enjeru dasuto)
Prod. Kenzo Horikoshi, Eiji Izumi, Taro Maki / Japón, 1994. /
Dir. Sogo Ishii / Esc. Yorozu Ikuta, Sogo Ishii./ Fot. Norimichi
Kasamatsu./Mús. Hiroyuki Magashima./Ed. Sogo Ishii, Hiroshi Matsuo./Con: Kaho Minami, Ryoko Takizawa, Etsushi Toyokawa, Takeshi Wakamatsu./ Dur. 117 min./ Color / Drama / Thriller.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Mis influencias 5 (Japón)
Junji Ito es un artista del manga de terror japonés, algunas
de sus más notable sobras son Tomie,
Uzumaki, Gyo, Museo de los horrores y otros más.
Yo conocí la obra de Junji Ito gracias a la película de Uzumaki (2000) de Higuchinsky y también
fue a través de esa cinta que descubrí el cine de terror japonés contemporáneo
(antes de esas fechas no llegaba mucho cine de terror japonés a México, sólo había
visto una par de Godzilla). Uzumaki
la película me gustó y cuando supe que provenía de un manga conseguí los tres
volúmenes y a partir de ahí me hice verdadero fanático de los mangas de Junji
Ito.
Y es que Uzumaki así
como Gyo de Ito tienen algo que no
pudo dejar de sorprenderme: no era sólo la originalidad de la obra, sino el
terror, el mundo y universo extraño con situaciones innaturales, despiadadas y
malévolas, personajes radicales, agresivos, misteriosos, ilógicos y aberrantes.
Imágenes visuales incomprensibles a veces, absurdas pero siempre terroríficas. El
universo de Ito es muy insólito y sorprendente. Sus imágenes son fuertes, y a
medida que se lee la obra y se adentra uno en la historia (especialmente en Uzumaki y Gyo)
las imágenes se van haciendo cada vez más bizarras e impresionantes. Uno cree
que ya llegó al clímax, pero resulta que en unas páginas más hay otras imágenes
más fuertes, parece ser que eso ya es lo
más fuerte, pero no continúan las páginas y todavía hay escenas más agresivas,
así hasta llegar a un clímax tan extraño como ilógico. Junji Ito es de los
pocos autores que en verdad me han sorprendido y me han llegado al alma. Stephen
King nunca ha logrado sorprenderme y se me hace repetitivo—sus personajes y situaciones
dramáticas siempre se me han hecho las mismas; Clive Barker se me hacían
graciosas sus historias y sus monstruos;
de Dean Koontz sus historias se me hacen típicas y tradicionales sin ninguna
fuerza, igual Dan Simmons, John Saul, Peter Straub, obras sencillas con
imágenes arquetípicas. Pero Junji Ito es el verdadero maestro del terror, creo
que sólo él y Lovecraft en verdad me han generado sensaciones escalofriantes en
la médula.
Junji Ito no es escritor, más bien es un mangaka[1]
y bueno, hay que decir que en occidente el manga no es tan apreciado. Son pocos
los seguidores y los que hay sus edades oscilan entre la adolescencia y jóvenes
adultos. No se venden muchos mangas que digamos y el occidental promedio no
conoce el manga, no les interesa, no lo entienden y no lo aprecian. Si a eso le
sumamos que la cultura japonesa tampoco tiene muchos adeptos, diría que eso es
un obstáculo para que se aprecie la obra de Junji Ito.
A veces, debo decir que los dibujos de Ito, en sus primeras
historias, no eran muy buenas. Se sentía esa inexperiencia al dibujar, con
trazos débiles e inseguros, como en el caso de Tomie—y sin embargo ha tenido tanto éxito en Japón que se han
filmado hasta 9 películas sobre el tema—, pero que fue mejorando su estilo y
llegó a ser un buen dibujante con grandes éxitos manga. Yo lo recomiendo de sobremanera, en verdad es
muy bueno y sus historias son para aferrarse a la cobija antes de dormir.
Y al igual que Lovecraft influyó en mí en el terror, así lo
ha hecho Junji Ito—yo no hago cómics (sólo lo he intentado un par de veces),
pero sí ha influido en mí a la hora de crear terror. Y es que el terror
occidental no me satisface, las imágenes siempre son las mismas. Yo diría que
en terror occidental las entidades malvadas sólo llegan a ser tres: monstruos
(vampiros, hombres-lobo, alien, predator, etc.); entes paranormales (fantasmas,
poltergeist, duendes, telequinesis, etc.) y asesinos (Michael Myers, Jason,
Jeepers-creepers, etc.). Y eso, la verdad reduce mucho el terror: las historias
se repiten una y otra vez, los personajes son muy parecidos y sólo difieren en
la forma en que mueren los personajes. Pero en cambio en el terror asiático hay
algo más, además de esos tres entidades malvadas de occidente diría que hay una
cuarta: terror abstracto y eso engloba mucho, no se refiere sólo a personajes
terroríficos, sino a situaciones, a universos bizarros como los de Junji Ito o retratos
malignos despiadados que sólo he visto en el cine de terror asiático y que
siempre me han sorprendido: los personajes cambian, la estructura dramática
rompe reglas, las situaciones son impredecibles y el terror aumenta. Lo tienen
mucho autores y al primero que se lo vi—y sus obras aún me sorprenden—es a
Junji Ito y me ha servido de inspiración para buscar ese terror abstracto en mis historias. Aún no llego del todo, a veces
siento que me arrastra mucho la influencia del occidente y me detiene lo poco
que conozco de la cultura japonesa, pero lo intento y lo seguiré intentado
hasta lograrlo.
Y debo decir que el libro que estoy escribiendo
actualmente—Mothman syndrome— es una
influencia directa de Junji Ito. Apenas voy en el primer capítulo, pero se los
prometo me voy a esforzar al máximo para conseguir el terror que tanto ando buscando.El trailer de Tomie replay.
Y el trailer de Tomie.
[1] Palabra
japonés para referirse al artista del manga
lunes, 29 de octubre de 2012
MIs influencias parte 5 (Japón)
5.1 Demonios Yōkai.
Kabe otoko
Wall man
Otro de los demonios que me han gustado y que he mencionado
en mi literatura es el hombre-muro (pueden hallar el cuento aquí en mi blog).
El hombre-muro no es precisamente mi favorito de entre los
demonios Yōkai pero gracias a una película de nombre Kabe otoko lo vi con otros ojos, y es que en las películas que he
mencionado sobre los demonios Yōkai sí se hacía mención al hombre-muro pero de
manera graciosa e infantil (bueno, un gran público de estos demonios son los
niños), con decirles que es representado como una pared con ojos, brazos y
piernas lo que lo hace ver muy chistoso. Yo no veía cómo podía ser un
personaje, un monstruo, que inspirara miedo, hasta que vi Kabe otoko.
Esta cinta de terror trata la leyenda del hombre muro de una
forma seria, sobre un ser que no tiene forma pero que vive y se traslada entre
los muros. Cinematográficamente vemos lo que él ve, sentimos lo que él siente y
nos intriga. Es de lo que más me gusta del cine japonés, tienen una forma
diferente de ver las cosas, son más originales y saben llegar al terror por muy
incoherente y extraño que sea una entidad malvada.
Así pues me he inspirado en la manera de presentar al hombre
muro en esta cinta y en la manera distinta de ver las cosas del artista japonés.
Kabe otoko
(wall man) (1.38 min)
Dirección:
Wataru Hayakawa.
Guión: Wataru Hayakawa y Daijirou Morohoshi
sábado, 27 de octubre de 2012
Mis influencias parte 5 (Japón)
5.1 Demonios Yōkai.
Yūrei
Otro demonio Yōkai que ha influido en mis historias—cine
y literatura— son los yūrei (幽霊), fantasmas japoneses. Al igual que
en occidentales, se piensa que son espíritus apartados de una pacífica vida
tras la muerte debido a algo que les ocurrió en vida, falta de una ceremonia
funeraria adecuada, o por cometer suicidio. En la cultura japonesa se cree que aparecen
entre las dos de la madrugada y el amanecer,
para asustar y atormentar a aquellos que les ofendieron en vida, pero sin
causar daño físico. Aunque los hay que sí agreden y son despiadados.
Tradicionalmente, son
femeninos, y están vestidos con una mortaja, un kimono funerario, blanco y
abrochado al revés. Mayoritariamente los representan con el cabello negro muy
largo que se extienda a veces en proporciones inimaginables. Tienen la piel
extremadamente blanca, las uñas negras y gracias al teatro kabuki los
movimientos son extraños, como desencajados lo que les da una apariencia impresionantemente
terrorífica.
Normalmente carecen de piernas y pies (en el teatro tradicional se simula esto con un kimono más largo de lo normal), y frecuentemente están acompañados por dos fuegos fatuos (hi-no-tama en japonés), de colores azul, verde o púrpura. Estas llamas fantasmales son partes separadas del fantasma más que espíritus independientes. Los yūrei también suelen tener un trozo triangular de papel o tela (llamados en japonés hitaikakushi (額隠), en su frente. Varios son representados con cabello largo y negro. Como muchos monstruos del folklore japonés, los yūrei pueden ser repelidos con ofuda (御札), escrituras shintoístas santificadas.
Normalmente carecen de piernas y pies (en el teatro tradicional se simula esto con un kimono más largo de lo normal), y frecuentemente están acompañados por dos fuegos fatuos (hi-no-tama en japonés), de colores azul, verde o púrpura. Estas llamas fantasmales son partes separadas del fantasma más que espíritus independientes. Los yūrei también suelen tener un trozo triangular de papel o tela (llamados en japonés hitaikakushi (額隠), en su frente. Varios son representados con cabello largo y negro. Como muchos monstruos del folklore japonés, los yūrei pueden ser repelidos con ofuda (御札), escrituras shintoístas santificadas.
Por otro lado, los fantasmas
vengativos, llamados goryō (御霊), tradicionalmente maldicen a una persona o un lugar
como un acto de venganza por algo que se les hizo en vida. De ese modo, decir
"te maldigo" es una amenazante frase dicha en un momento de ira. Un yūrei también puede aparecer para
castigar a los descendientes o parientes del finado cuando no se han llevado a
cabo los correspondientes ritos funerarios, tatari
o tataru.
Clasificaciones
Mientras que todos los fantasmas japoneses se llaman yūrei, dentro de
esa categoría hay varios tipos específicos de fantasmas, clasificados
principalmente por la manera que murieron o su razón de volver a la tierra.
Onryō - Son fantasmas vengativos que vuelven del purgatorio por un mal hecho a ellos durante su vida.
Onryō - Son fantasmas vengativos que vuelven del purgatorio por un mal hecho a ellos durante su vida.
Ubume - Es el fantasma de una madre que
murió durante el parto, o murió dejando niños pequeños. Estos yūrei suelen
regresar para cuidar de sus hijos y a menudo les traen dulces.
Goryō - Son fantasmas vengativos de la
clase aristocrática, en especial aquellos que fueron martirizados.
Funayūrei - Son los fantasmas de los que
fallecieron en el mar.
Zashiki-warashi - Son fantasmas de niños, más
traviesos que peligrosos.
Fantasmas
guerreros - Veteranos de las guerras Genpei que cayeron en batalla. Aparecen
casi exclusivamente en el teatro Nō.
Fantasmas seductores - Es el fantasma de un hombre o
una mujer quienes después de muertos inician un romance con un humano vivo.
Tales of
terror: Haunted apartments de Akio Yoshida. 2005
Ugetsu monogatari de Kenji Mizoguchi. 1953
Bibliografía:
http://es.wikipedia.org/wiki/Y%C5%ABrei
Para ser honestos ya no
recuerdo cuál fue la primera cinta que vi sobre los yūrei lo que puedo decir es que ya he visto muchas
y aún no me canso de hacerlo. En mis historias de fantasmas aunque a veces me
refiero a espíritus occidentales, principalmente mis espectros están basados e
inspirados en el yūrei ya que para mí
son más terroríficos y espeluznante. Algo que me gusta mucho es la parte física
del espectro yūrei. Esto es:
En occidente los
fantasmas suelen ser transparentes, espíritus que no todos pueden ver y que
cuando lo hacen es por poco tiempo y principalmente en las historias de terror
se maneja más el susto que otra cosa.
Cuando aparece el fantasma es para dar un golpe de miedo y luego desaparecer. En
cambio el yūrei es físico. Tiene un
cuerpo real, tangible, que camina, se arrastra y está constantemente presente. Se
puede apreciar todo el tiempo, es casi imposible escapar de él y se mantiene el
miedo, no el susto. Eso lo hace más aterrador
por ello me remito más al yūrei que
al fantasma occidental.
Como recomendación
cinematográfica hay varios ejemplos:
Llamada perdida (Chakushin Ari) de Takashi
Miike. 2003
Kairo de
Kiyoshi Kurosawa. 2001
La serie de
películas de Ju-on creadas por
Takashi Shimizu.
Bibliografía:
http://es.wikipedia.org/wiki/Y%C5%ABrei
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